Las comunidades terapéuticas cerradas transforman a las mujeres drogadictas que están en tratamiento.
Los familiares quedan asombrados, impactados y conformes en las visitas que se llevan a cabo semanalmente porque por fin se encuentran con una mujer dedicada la defensa de cosas nobles en la que comienza a creer, una mujer que está adquiriendo lucidez y cultura, una mujer dotada de cualidades humanas excepcionales que expresa como y cuanto se está conectando con su tratamiento, con un estilo de vida sano y ordenado, o los afectos hacia sus familiares y con Dios.
Las personalidades del mundo de la cultura, del arte y de la ciencia quedaron impresionados cada vez que vieron y escucharon las más grandes expresiones de gratitud que los familiares de adictos expresaron en las últimas tres décadas.
Los religiosos y los profesionales de la salud participaron en las magníficas rehabilitaciones de las mujeres drogadictas registrando innumerables transformaciones y logros de formas profundas y contundentes en la historia académica, científica, cultural y religiosa.
Lo más impactante y valorable es cómo los chicos y chicas, hombres y mujeres de buena voluntad dan la más cordial bienvenida a los familiares de las mujeres drogadictas dentro de la COMUNIDAD TERAPÉUTICA que, lejos de ser una tierra indómita, es hospitalaria, cuna de libertad y llena de corazones abiertos.
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