Cada espacio e instancia psicoterapéutica debe llegar a ser un momento de rectificación para aquellos adictos que revelan un descontento más difuso y profundo del imaginable.
El descontento del adicto implica un rechazo al proyecto de rectificación que Moisés, Cristo, Mahoma o Buda sugirieron y defendieron en nombre de Dios.
El deseo de restauración fue ampliamente explicado y difundido por Platón, Aristóteles, el apóstol Pablo, San Agustín, Santo Tomás Moro y siglos después por Shakespeare, Cervantes, Quevedo, Calderón de la Barca o Lope de Vega.
Todos ellos hablaron de establecer entre los desdichados una corriente real de simpatía y de afecto para encontrar contención, motivaciones, estímulos y descubrir el amor de Dios, el valor de uno mismo dentro del camino del bien.
La comunidad terapéutica es una conquista; aprendió de estos grandes maestros como también de los antiguos iluminados de Oriente, como Confucio, Lao-Tsé, Sidartha Gautama o Nagarjuna. Enseña a los adictos a ver en el conocimiento de la verdad la fuerza propulsiva de los procesos de liberación.
El tratamiento de rehabilitación para adictos habla de moral, de la familia y de la educación, enseña a evitar riesgos, agresiones y traiciones sosteniendo la ética y la estética de la fidelidad a Dios y a los principios decentes y pragmáticos. |