Los centros especializados en drogadicción de orientación y contenido religioso tienen la misión de enseñarle a los adictos que se encuentran bajo tratamiento que recibiendo fuerzas desde lo alto aumentan la confianza en Dios; podrán ser capaces de percibir siempre y en todas las cosas su providencia.
La comunidad terapéutica profesional, religiosa y de puertas cerradas es un lugar para vivir como hermanos, con un amor similar al que Cristo muestra en su Evangelio.
La caridad y el amor fraterno deben ser siempre el distintivo de cada comunidad terapéutica de puertas cerradas para que los adictos internados, además de participar en las sesiones de psicoterapia grupal e individual, escuchen la palabra de Dios para que así se transformen los males que comprometen gravemente a los enfermos adictos como también a sus familiares y a la sociedad en su conjunto.
Las comunidades terapéuticas fueron diseñadas para aquellos que llegaron demasiado lejos en busca de horizontes infernales y para familiares con ese gran dolor por los que se fueron y no regresaron jamás de la adicción.
La comunidad terapéutica nos propone escuchar a Dios porque habla para iluminarnos con su voz; hoy nos sentimos felices porque gozamos así de la presencia del bienestar. |