Las instituciones para las adicciones combaten ese modelo subversivo que propone el deterioro de las personas convertidas en "dependientes".
Cuando una familia tiene un ser descarriado, a una persona que muestra una actitud injusta y éticamente inaceptable, debe internarlo en un centro especializado en atención de adictos para abordar esa tesis que predica el adicto que no vale la pena sostener.
El drogadependiente/alcohólico vive en el racionamiento intelectual y las estrecheces espirituales defendiendo su malograda despedida del bienestar justificando su inoperancia, su hostilidad y su conductas disarmónicas.
La comunidad terapéutica a puertas cerradas con orientación religiosa observa cómo la dicte internado inicialmente a un en contra de su voluntad muestra transcurrido los primeros 30 días voluntad de diálogo y posibilidad de acercamiento humano, religioso y terapéutico en un estilo de vida pautado y disciplinado por un marco de contención que propone vivir como Dios manda.
En la dicte internado comienza a pensar que quizá su actitud debe cambiar, dejan expresar melancolía y pesimismo viendo que el tratamiento de rehabilitación para adictos a diseñar dirigido a la gente que tuvo que aceptar renuncia para superar ese atolladero mortal.
La comunidad terapéutica de puertas cerradas con orientación religiosa enseña con una actitud cálida pero firme y muy crítica cuales la barrera de la imprudencia y por otro lado como uno debe dejarse ayudar por personas que tienen un alto nivel de especialización profesional.
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