Sabemos que los drogadictos forman parte de la contracultura que desafía a los sectores más establecidos de la sociedad.
Defendiendo la alteración de rumbo y el deterioro de imagen algunos drogadictos se intoxican llegando creer que son "los representantes de Dios en la Tierra".
La adicción nos aleja de Cristo y los lleva a aceptar la gente que ostenta estrecheces intelectuales, conductuales y espirituales.
La fiebre por la conquista pagana para saciar la sed de libertinaje propicia sus propias descomposiciones enardeciendo la fetidez de sus vidas corrompidas.
Los tratamientos de rehabilitación para los drogadictos no recurren al neorracionalismo como única técnica porque la necesidad de darse tiempo para enriquecer el alma requiere una acertada interpretación individual y social de la fe en el modo de vivir, un apostolado espiritual y conductual.
El drogadicto cree que forma parte de una humanidad obstinadamente olvidada por Dios; cuestiona y enfrenta a Cristo, desobedece a Dios, desconoce tanto a Moisés como a Mahoma, reniega tanto de buda, Krishna, Gautama, Lao-Tsé como también de Confucio.
En su tratamiento dentro de la comunidad terapéutica de puertas cerradas con orientación religiosa debe abrir su mente y su corazón a esos aspectos como la protección de la infancia, el cuidado de la salud y del sistema educativo, el conocimiento de las conquistas culturales, sociales, científicas, dentro de un marco psicoterapéutico contenedor y religiosamente transformador. |